Es un arbusto que puede llegar a tener porte arbóreo, que me recuerda mi infancia y adolescencia al formar parte del bosque mediterráneo que encontramos en Moraira, lugar donde nací y crecí.
El nombre “unedo” significa “de unum tantum edo”, “comer solo uno”, vocablo latino, que es el otro nombre empleado para este arbusto; en Plinio el Viejo, Historia naturalis (15, 98 y 23, 151). Y la alusión al calificativo, se debe al contenido alcohólico de sus frutos que, por su larga permanencia y maduración en el árbol, pueden sufrir fermentaciones y ser tóxicos sobre todo para los niños.
La verdad es que cuando jugábamos de pequeños e íbamos por el bosque y comíamos varios frutos y estaban maduros, nos poníamos muy contentos y no sabíamos por qué era. La razón de ello la aprendí ya en la facultad en la asignatura de “Geografía Física Compleja de las Tierras del Mediterráneo”
Las frutas maduras o Madroños, es una baya comestible, carnosa y globosa. Cuando están muy maduros, son de color rojo intenso. Algunos poseen un ligero sabor dulzón y otros ácidos. Los frutos maduran por estas fechas (entre los meses de octubre a diciembre), que es cuando se recolectan. En cuanto a su composición contiene azúcares, fibra, ácidos no volátiles, taninos; y flavonoides, en concreto, (isoquercetina) que comparten con el brécol, las cebollas y las cerezas.
El fruto del Madroño es un gran desconocido. Los estudios científicos más recientes recomiendan su consumo por su acción cardioprotectora, gracias a su contenido en taninos y flavonoides. También, actúan, beneficiosamente, sobre las enfermedades degenerativas causadas por la acción de los radicales libres. El madroño, cuando está maduro contiene una buena cantidad de alcohol que puede ser tóxico si se toma en abundancia, y entonces podría provocar embriaguez y dolor de cabeza, sobre todo en niños. Tampoco es conveniente tomarlos en exceso ya que son astringentes.