En la Rada de Moraira estamos acostumbrados a vivir de cara al mar y la mayoría de las veces nuestro horizonte es esa línea donde el mar se junta con el cielo, allá en el infinito. Es indudable que ello tiene una justificación, en especial si tenemos en cuenta que los núcleos de El Portet, caserío de Moraira, Platjetes, l´Andragó y demás áreas urbanizadas y pobladas se desarrollan orlando una increíble costa de acantilados medios y altos, playas de arenas, gravas y dunas fósiles. Por ello, el mar es sin duda un referente claro en el imaginario colectivo de los habitantes y residentes en la Rada de Moraira.
Este escenario azul ha permitido una de las ancestrales actividades económicas de la Rada, la pesca artesanal que todavía hoy tiene lugar con presencia de la Cofradía de Pescadores de Moraira. Pero a partir de los años sesenta del pasado siglo, esa actividad convive con la de los servicios turísticos ligados “al producto” sol y playa, y con el ocio náutico, que en las tres últimas décadas, ha alcanzado gran notoriedad, merced a la privilegiada costa, abundante en abrigos costeros.
El poblamiento y el paisaje de la zona viene, no obstante, a indicarnos que otros usos del territorio han sido muy importantes en otras épocas, y aún hoy lo siguen siendo en algunas de las partidas y demarcaciones del municipio Teulada-Moraira. El trabajo de la tierra y la agricultura son, en gran parte del municipio, otra de las estampas que envuelven a este enclave de la Marina Alta, en el que el cultivo mayoritario de la vid, convive con pequeñas parcelas de olivos, almendros y cítricos, y con huertos familiares dedicados a hortalizas y a diversas verduras para consumo normalmente doméstico. Otros árboles, como los algarrobos, muestran un pasado no tan remoto, donde el cuidado del ganado para trabajos agrícolas, el pastoreo y los corrales con especies diversas para consumo, eran también frecuentes en la cabaña familiar.